La Epopeya de Santiago - Dueños de America 1987
Esta fue la edicion 28 de la Copa Libertadores, en esta ocacion participaron todos los paises de America, con un total de 20 clubes.
Por quinta vez fuimos campeones de la Copa.
EQUIPOS QUE PARTICIPARON
Peñarol
Independiente (arg) Rosario Central (arg)
Oriente Petrolero (bol)
The Strongest (bol)
Sao Paulo (bra)
Guarani (bra)
America de Cali (col)
Deportivo Cali (col)
Cobreloa (chi)
Colo Colo (chi)
Barcelona (ecu)
El Nacional (ecu)
Olimpia (par)
Sol de America (par)
Alianza Lima (per)
Colegio San Agustin (per)
Progreso (uru)
Estudiantes de Merida (ven)
Union Atletico Tachira (ven)
El camino hacia la final se inició el 6 de mayo en el Estadio Centenario cuando los aurinegros derrotaban a Progreso, el otro equipo participante de esta edición de la libertadores, por 3 a 2. Abrió el marcador Cid para Progreso a los 8 minutos, empatando Diego Aguirre cuando terminaba el primer tiempo. Ya en el segundo tiempo, a los 60 minutos Cid volvía a poner a Progreso encima por 2 a 1, pero cinco minutos después Herrera empataba para el manya y finalmente Viera daba la victoria a Peñarol a 14 minutos del final.
El grupo era compartido por los equipos peruanos de Alianza Lima y San Agustín. El 20 de mayo Peñarol derrotaba al primero
| Vs San Agustin (Per) en el Centenario |
| Vs Progreso |
por 1 a 0 en Lima, gol de Juan C. Paz a los 12 minutos del primer tiempo. Dos días después los aurinegros se enfrentaban, también en Lima, al San Agustín. Abrió el tanteador Espósito para los peruanos en el primer tiempo, dando el definitivo 1 a 1 Juan C. Paz a los 10 minutos del segundo tiempo.En las revanchas Peñarol empató con Progreso 1 a 1 (gol del "pepe" Herrera), derrotó a Alianza Lima por 2 a 0 (goles de Matosas y Herrera) y terminando esta primera rueda derrotó a San Agustín también por 2 a 0 (goles de Herrera y Viera).
En la segunda ronda Peñarol debía buscar el pasaje a la final frente a dos poderosos equipos del fútbol Campeón Mundial: el viejo linaje "copero" de Independiente guiado por José Pastoriza y el genial Ricardo Bochini, y River Plate, Campeón del Mundo de clubes al derrotar al Steaua Bucarest de Rumania en la final de Tokio.
El primer partido se jugó el 3 de setiembre en el "Centenario", enfrentándose Peñarol e Independiente. El "Maestro" Tabárez apeló a Daniel Vidal y Jorge Cabrera por primera vez en ambos extremos, con Ricardo Viera de "10" por Eduardo Da Silva. En la defensa, Marcelo Rotti sustituía a Goní§alvez, suspendido. Se jugó a estadio lleno y se presenció una sensacional exhibición aurinegra, que terminó con un aplastante 3 a 0. El "pressing" para evitar que Bochini creara fútbol ofensivo terminó con su aporte y cualquier otro intento.
Los goles fueron realizados por Aguirre a los 11 minutos, Cabrera a los 39', cerrando el tanteador Viera a los 52'.El 16 de setiembre Peñarol recibía, en busca de una nueva victoria, al poderoso River Plate argentino, pero el partido finalizó 0 a 0. Ahora había que viajar a Buenos Aires para las revanchas.
Una semana más tarde, y en la "caldera" de Avellaneda, Independiente recibía a Peñarol con una antigua y vigente leyenda de invencibilidad de choques por la Copa. Allí, en Avellaneda, había transcurrido la eternidad de 34 partidos consecutivos sin que nadie pudiera vencer a Independiente por la Copa.
En la media cancha entró Eduardo Da Silva como titular, debido a una lesión de Gustavo Matosas. Peñarol desarrolló un juego espectacular, con una pe
rfecta marcación en zona que diezmó la confianza adversaria y, lentamente, proyectó su ofensiva. A los 58' Diego Aguirre marcó el primero, a los 69' Cabrera el segundo en contragolpes perfectos. Descontó Giusti a los 76', pero a los 83' Da Silva volvió a derrotar a Islas. Un minuto después volvía a descontar Independiente por parte de Percudani, pero Cabrera selló el tanteador, marcando el cuarto gol aurinegro a dos minutos del final, para un 4 a 2 inolvidable que significaba la clasificación a la final, a pesar que quedaba la revancha contra River Plate.
El 7 de octubre y en partido para cumplir con el fixture, River Plate derrotó a Peñarol por 1 a 0.
De nuevo Peñarol estaba en una final de la Libertadores de América, y el rival era el América de Cali, jugando primero en Colombia. América había venido construyendo su poderío en base a grandes inversiones económicas, contando con un plantel de renombre mediante la contratación de grandes futbolistas extranjeros. Siendo la tercera vez que llegaba a la final de la Copa sin haber logrado el título, por lo cual apostaban con todo a que esta vez la copa sería de ellos.
Primera Fase (Grupo 2 Uruguay - Peru)
6 de Mayo
Estadio Centenario
Peñarol 3 - 2 Progreso
Goles: Aguirre, Herrera, Viera
20 de Mayo
Estadio La Victoria
Alianza Lima 0 - 1 Peñarol
Goles: Paz
22 de Mayo
Estadio Nacional de Lima![]()
San Agustin 0 - 1 Peñarol
Goles: Paz
26 de Mayo
Estadio Centenario
Progreso 1 - 1 PeñarolGoles: Herrera
2 de Junio
Estadio Centenario
Peñarol 2 - 0 Alianza Lima
Goles: Matosas, Herrera
9 de Junio
Estadio Centenario
Peñarol 2 - 0 San Agustin
Goles: Herrera, Viera
Semifinales
2 de Setiembre
Estadio Centenario
Peñarol 3 - 0 Independiente
Goles: Aguirre, Cabrera, Viera
16 de Setiembre
Estadio Centenario
Peñarol 0 - 0 River Plate
30 de Setiembre
Doble Visera
Independiente 2 - 4 Peñarol
Goles: Cabrera x 2, Aguirre, Da Silva
7 de Octubre
Monumental de Nuñez
River Plate 0 - 1 Peñarol
LAS AGONICAS FINALES
El 21 de octubre en Cali, el América derrotó a Peñarol por 2 a 0, con goles de los paraguayos Bataglia y Cabañas. El resultado parecía indicar que "la tercera era la vencida" y América estiraba su mano para apoderarse de la Copa de sus desvelos.
Siete días después llegó la revancha en Montevideo. El técnico Tabárez incluyó a Da Silva por Matosas y mantuvo el mismo equipo que venia jugando. El clima era tenso antes del partido, los colombianos estaban seguros de llevarse la copa, incluso hubieron provocaciones por parte de algún jugador del América, como por ejemplo, el paraguayo Bataglia que se paseaba en el hotel donde estaban alojados, con una camiseta de nuestro tradicional rival.
Se vendieron 53.041 entradas y, con la iniciativa en manos de Peñarol se inició el encuentro, pero en un contragolpe aislado el América abrió el tanteador a los 20 minutos del primer tiempo por medio de Cabañas. El título se acercaba, como nunca, a Colombia. Pero emergió la figura de Obdulio Trasante y desde allí se gestó una poderosa reacción. Empató Diego Aguirre a los 57', cuando ya estaba en la cancha Jorge Villar, en reemplazo de Jorge Cabrera.![]()
El partido se iba como agua entre los dedos, con el empate el América era Campeón. En medio de la indescriptible angustia del hincha y la desesperación de los futbolistas, Peñarol consigue un tiro libre al borde del área de la Amsterdam cuando faltaban 4 minutos para el final del partido.
Jorge Villar se paró delante de la pelota, todo América, toda Colombia se agruparon en la barrera con el arquero argentino Falcioni indicando las posiciones a gritos. El árbitro Calabria ordenó la ejecución y el jovencito le pegó con extraordinaria maestría de zurda, metiéndose suavemente por el ángulo superior derecho.
La perfección del remate quedó como uno de esos goles que el hincha define como "puestos con la mano". El clima enfervorizado del estadio se extendió en la noche por Montevideo, cuando el plantel hacia las valijas para definir en Santiago. Como en 1996, como en 1982.
El 31 de octubre, en el Estadio Nacional de Santiago, Chile, se disputó la final ante 25 mil espectadores. Peñarol formó con Eduardo Pereira, Marcelo Rotti, Obdulio Trasante, José Herrera, José Perdomo, Alfonso Domínguez, Daniel Vidal, Eduardo Da Silva, Diego Aguirre, Ricardo Viera y Jorge Cabrera. Tabárez realizó los siguientes cambios: a los 45' Jorge Goní§alvez por José Perdomo. A los 72' Villar por Cabrera. Los demás suplentes fueron: Oscar Ferro, Miguel Santos y Luis Carlos Sánchez.
Los 90' terminaron 0 a 0, y se fue al alargue de media hora más. Con el empate por diferencia de goles el América era Campeón. Diego Aguirre, a los 14 minutos, 58 segundos, o sea, a 2 segundos del final del alargue, nos dejó afónicos a todos los manyas cuando marcó el tanto de la victoria.Que mejor que recurrir nuevamente a El Gráfico quien relata la final, en una nota que tituló "Peñarol de los milagros", escrita por el reconocido "Juvenal":
"Hay sensaciones que sólo pueden ser expresadas en primera persona del singular. Es el caso de la finalísima de la Copa Libertadores que presencié el sábado en Santiago de Chile. A 24 horas del hecho, sentado en la comodidad de la redacción de El Gráfico, todavía estoy temblando de excitación. No puedo sacarme de adentro todo el dramatismo, toda la intensidad
emocional de esa definición increíble. y agradezco al destino haber estado del otro lado de la cordillera. Asistiendo a esa locura que se desató en cientos de uruguayos que nunca dejaron de alentar a los suyos, contemplando la desazón y la angustia que desplomaba en sus asientos a los colombianos que tampoco habían dejado de gritar ¡Dale rojos! Son esos momentos únicos, vibrantes, inolvidables, que sólo ese juego apasionante y hermoso que es el fútbol puede brindar en plenitud.
Porque todo cambió en menos de un segundo. El tiempo que tardó la pelota en partir del empeine izquierdo de Diego Aguirre y sacudir la red del arco de Falcioni. En ese instante, el reloj electrónico en lo alto del estadio señalaba que se habían jugado sin descuentos, 14 minutos y 58 segundos del período final del alargue. Apenas un minuto antes, o menos, los suplentes del América, enfundados en sus buzos de color rojo intenso, pugnaban por meterse en el campo de juego a festejar la Copa que era suya, que no podía tener otro destino que una vitrina de la ciudad de Cali. Los uruguayos refugiados en sus buzos amarillos, todavía se lamentaban de la oportunidad perdida por centímetros, cuando el remate cruzado desde la izquierda por Jorge Milton Villar se fue junto al palo izquierdo de Falcioni, sin que la estirada de Ricardo Viera llegara a desviarlo hacia la red. Esa acción había paralizado todos los corazones ante la inminencia del gol uruguayo. Miré instintivamente el reloj. Marcaba 13 minutos, 49 segundos. A un minuto y medio del final ¿podía repetirse una oportunidad semejante? Me lo pregunté y me respondí que no. Que ya la suerte estaba echada. Que era el final de un hermoso sueño acariciado por ese grupo humilde y altivo, bien uruguayo, que conduce Oscar Washington Tabárez.
La lógica más pura, el razonamiento más objetivo y desapasionado, me indicaban que no podía existir en el mundo un equipo de fútbol que todavía guardara en su alma y en sus músculos, en su corazón y en sus tobillos, ese resto de lucidez, fervor, energía, entereza y potencia capaz de producir el milagro en el escaso tiempo que faltaba. Había que penetrar en una defensa que cerró muy bien todos los caminos hacia Falcioni, durante 119 minutos. Era necesario producir la maniobra profunda, certera, directa y decisiva luego de casi dos horas de lucha enconada, áspera, trabada, cortada, psicológicamente desgastante, físicamente agotadora.
No. Lo que el corazón de los uruguayos que seguían reclamando en su batir de parches, en su grito cada vez más ronco de " ¡PE-ÑA-ROL! ¡PE-ÑA-ROL!" desafiaba todas las leyes de lo razonable. Era, nada más y nada menos, que un milagro.
Todo lo que había pasado en los noventa minutos de juego, técnicamente deslucidos, por momentos tediosos como espectáculo, pareció concentrarse en los últimos 15 minutos del alargue. Lo veía más entero físicamente, controlando la manija psicológica de la lucha, el cuadro de Willington Ortiz, por entonces el mejor futbolista que mejor andaba de arriba y de abajo. América había perdido dos piezas importantes con la salida en camilla de Ricardo Gareca (desgarrado a los 80 minutos) y la expulsión del paraguayo Cabañas, juntamente con el lateral José Herrera, por mutua agresión, en el minuto 74. pero el hombre de los goles decisivos, la gran carta del triunfo uruguayo, el tenaz Diego Aguirre, seguía apretado por la marca dura y sin contemplaciones de Aponte y Espinoza. Además, lo notaba realmente cansado. Cuando un jugador se baja las medias, está a una cuarta del calambre. Y en esas condiciones tal como se lo veía de arriba al goleador de Peñarol, es muy difícil inventar y ejecutar una jugada decisiva. Un rato antes Aguirre se había perfilado para rematar de izquierda. Se demoró esa décima de segundo suficiente para que el defensor alcanzara a pellizcarla al corner.
Además desde el banco del América siguió la triquiñuela inesperada, una actitud tramposa que ponía más piedras en el
camino de la hazaña aurinegra: con intervalo de medio minuto o menos, tiraban a la cancha una pelota extra para que hubiera en el campo dos balones y se produjera la interrupción del partido. El autor de esa deslealtad fue especialmente el expulsado Cabañas. Cada vez que el bravo Obdulio Trasante pescaba una de esas pelotas intrusas, la devolvía con rabia a las tribunas. Al ratito, había otra pelota sobrante en la cancha. Era para destrozarle los nervios a cualquiera. Pero los jugadores uruguayos no acusaron el impacto. Mientras Trasante las devolvía como para que no aparecieran más, sus compañeros seguían pensando, con tozuda insistencia, con admirable fijación, en la red de Falcioni.
Ya no quedaba tiempo para nada. Jorge Goní§alvez, usualmente back central, ingresado por el lesionado José Perdomo, había recibido un golpe muy feo de Cabañas en la boca. Pero seguía empujando. Aguirre sentía que debajo de su ojo derecho, el puñetazo del mismo Cabañas iba aumentando el dolor del hematoma. Pero seguí buscando. Hasta que llegó el milagro faltando apenas dos segundos para bajar el telón. El cabezazo de Viera, toque adentro de Villar, la filtración por la izquierda de Aguirre dejando en el camino a los marcadores centrales del América, el medio giro y el zurdazo clásico, cruzado, a media altura, buscando el palo más lejano. Toda la vibración, la belleza, el fútbol en su máximo esplendor que habíamos esperado en vano durante 119 minutos estaba ahí. En esa red que se sacudía a espaldas de Falcioni. En la explosión inenarrable del gol. En el maravilloso festejo de la victoria.
A 24 horas de ese momento, repaso lo ocurrido, vuelvo a vivirlo y reafirmo el concepto inicial: el fútbol es único. Pero a la sentencia le falta un cierre que la perfeccione y le otorgue justicia: Peñarol también es único
Primer Final
21 de Octubre![]()
Estadio Pascual Guerrero
America de Cali 2 - 0 Peñarol
Formacion: Eduardo Pereira, José Herrera, Marcelo Rotti, Obdulio Trasante, Alfonso Domínguez, Gustavo Matosas, José Perdomo, Ricardo Viera, Daniel Vidal,
Diego Aguirre, Jorge Cabrera.
Segunda Final
28 de Octubre
Estadio Centenario
Peñarol 2 - 1 America de Cali
Goles: Aguirre, villar
Formacion: Eduardo Pereira, José Herrera, Marcelo Rotti, Obdulio Trasante, Alfonso Domínguez, Eduardo Da Silva, José Perdomo, Ricardo Viera, Daniel Vidal, Diego Aguirre, Jorge Cabrera.
LA DEL GRITO FINAL
31 de Octubre
Estadio Nacional de Santiago
Peñarol 1 - 0 America de Cali
Goles: Aguirre
Formacion: Eduardo Pereira, José Herrera, Marcelo Rotti, Obdulio Trasante, Alfonso Domínguez, Eduardo Da Silva, José Perdomo, Ricardo Viera, Daniel Vidal, Diego Aguirre, Jorge Cabrera.
* desempate, se jugo un alargue de 30 minutos tras el empate 0-0
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Festejo final en fotos
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