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Los Comienzos
jueves, 19 de abril de 2007
Página 5 de 7
De aquà a la eternidad- Una de las primeras formaciones de Peñarol, a principios de siglo, cuando hinchas, jugadores y dirigentes lucharon codo a codo para llevar adelante los dictados del corazón. El tiempo será testigo...
La intención era trabajar en el ferrocarril y jugar al fútbol por unos meses. Se quedó para siempre.
Desde las filas aurinegras, Harley desplegó lo mejor del fútbol británico para enriquecer el vernáculo. Amplió el repertorio de recursos de los players orientales jugando al ras del suelo y con pases certeros, evitando al máximo posible el bochazo frontal o bombazo. Además, desarrolló un juego aéreo impecable: saltaba con precisión y elegancia para despejar situaciones de riesgo.
Su juego, entonces , se constituyó en un baluarte en el cual Piendibene podÃa apoyarse. Juntos, impulsaron la técnica a las más altas cumbres. Desde su aparición, las lÃneas delanteras pasaron a jugar en abanico, avanzando en armonÃa con un juego de pases cortos y al pie, guiados por su director. Con ellos terminó el reinado del fútbol inglés de pase largo desde atrás para la estampida de los wings y el centro cruzado al área a la carrera. Era el nacimiento de un estilo.
Pasión amarilla y "negra"
Hacia 1911, el presidente de la nación José Batlle y Ordoñez creó la Comisión Nacional de Educación FÃsica para propiciar e impulsar a las Plazas de Deportes, idea gracias a la cual la práctica fué cediendo su carácter de exclusiva para algunas clases. AsÃ, se quebró cualquier barrera discriminatoria y todos, sin distinción de raza o color, pudieron sumarse a su práctica.
El "Cuadro del Pueblo", desde entonces, se reconoció siempre con algún jugador de piel negra destacado en sus equipos campeones.
Además, existÃa una tendencia en transformarlos y reconocerlos como Ãdolos de la afición.
El primero fué Isabelino GradÃn, quien era la expresión tÃpica del barrio del Sur, maravillando con sus aptitudes fÃsicas, ya que unÃa sus condiciones de futbolista con las de atleta excepcional. El segundo fué Juan Delgado, también surgido de Palermo y su Central F.C. del que luego pasó a Peñarol.
En rigor de verdad, el "negro Juan" fué la primera estrella negra.
Agregó al fútbol los embrujos del carnaval -era escobero y tocaba el tamboril- y la picaresca alegrÃa de sus dichos. Definió a Piendibene diciendo: "Le puso el mango a la pelota". Otras veces, cuando un arquero se tiraba y la pelota seguÃa, gritaba: "Tiráte que hay arenita". Y si la pelota entraba por el ángulo: "Bajáme ese racimo".
GradÃn, en cambio, fué un hombre netamente aurinegro. Debutó en primera en 1915, cuando también irrumpÃan el puntero Antonio Campolo y el arquero Roberto Chery. Isabelino se convirtió en un delantero de arranque extraordinario, gambeteador imparable y, a la vez, con un notable sentido del gol. Su felina velocidad era caracterÃstica propia y llevaba la pelota al pie con un control poco común. Escurridizo, sus esquives eran incontenibles para cualquier defensa.
En el campo de juego, contaba con el apoyo de Piendibene a quien, cuando levantaba la cabeza y lo veÃa a la carrera, le bastaba un simle "Entrá, Isabelino!" para que el moreno invadiera el área como disparado y, casi al unÃsono la pelota sacudiera la red.
Como atleta, GradÃn fué campeón Sudamericano de 400 metros, con una marca que por años gravitó en los récords. Victorioso en Argentina, Chile y Brasil, donde se lo llamó "O terror das pistas". Original y formidable, inspiró al poeta peruano Juan Parra del Riego para su "Polirritmo al jugador de fútbol".
Modificado el ( martes, 17 de julio de 2007 )